Retomando la bitácora del viaje, las aventuras continúan.

Desayuno en el hotel…los pájaros me despiertan a las 6.00. Por suerte le marcha “3” del ventilador de techo hace un ruido infernal y apaga el grito de las cotorras…de esa manera seguí hasta las 8.30. Ducha, café con leche y a la aventura!!!!!!

Recién volví del arroyo (no me acuerdo el nombre). Recordé mi época de escaladora y subí a la sierra. Si, no se rían, tuve una época de escaladora…o no se acuerdan de aquel verano del ’89 que había cortes de luz? ¿Cómo hacíamos para llegar al piso 7 sin ascensor? Claro, no era lo mismo, no había verdín, yo no estaba con alpargatas, ni el sol quemaba como ahora, ni había tantos mosquitos, pero por lo demás, era igual. A propósito, ¿alguna vez vieron un mosquito verde? Me picó uno hace un rato y después me comí otro. No por hambre…fue un acto imprevisto. Tienen el mismo sabor que un mosquito de color negro. ¿Que cómo lo se? A la mañana me tragué uno…mientras cabalgaba.

Epa, los sorprendí, no? Me alquilé un caballo blanco, como el de San Martín. En vez de alquiler me gustaría pensar que me dieron la guarda temporal de un equino. Le caminé alrededor como buscándole una pata extra, me miró con mirada de “nada” y nos hicimos compañeros. Le puse un nombre, no va a ser “caballo”, no…lo llamé Tío Menelao. Tenía esa mirada como perdida que solía tener el personaje de Vargas Llosas en los últimos años. En fin…lo acerqué a la superficie de ascenso, metí el pié izquierdo en el mismo estribo, y levantando la pierna derecha como si estuviera en una clase de capoeira…lo monté. No se si estos animales vienen en pullman, super pullman, turista. Si así era, mi flete era el tren blanco de los cartoneros…no recordaba que las monturas carecían de elementos que las hicieran acolchadas. AAAAmigos…ahí entendí eso de “qué dura la vida del gaucho”. Y yo iba a estar sólo unas horas.

Bastante obediente el pingo. Fuimos al llamado Mirador del Sol. Muy original el que le puso el nombre…un lugar desde donde se ve el sol. Raro…pero lleno de turistas sacándonos fotos.

Ah, fotos, todo un tema. Al no contar con la compañía de un fotógrafo, sólo llevo sacada 3 (tres) o 4 (cuatro) fotos del hotel. Salgo con lo puesto, un par de monedas en un bolsillo, el celular en el otro y el pañuelo, nada más. La verdad, me olvidé le riñonera y no da para andar con una mochila. Pero no importa, voy a comprar postales y después, prolijamente, les marco con una “x” los puntos panorámicos por donde estuve.

No se si es la cantidad de ozono que tiene el aire, o la cabalgata, o escalar la montaña o los años o lo que sea…TENGO SUEÑO!!!!! Contesto un par de e-mails y me voy para el hotel. Necesito un baño…todo el día al sol…espero que el Rexona no me haya abandonado.

Estimados, los voy dejando…quiero ir a ponerme algo en la cara…está tirando a bordeaux.

Mañana es día de paseo por la ciudad…té en la casa de Merlín y un par de cosas así…al fin y al cabo…soy citadina.

Un beso a todos

María, extrañando los piquetes, el smog, los vendedores ambulantes, los niños cantores del subte y los bocinazos.

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