Como muchos saben…cuando me pega el bajón voy a la peluquería. Lluvia…tormenta de Santa Rosa y demás = bajón. Después de la experiencia anterior en lo de Tony, dejé que mi destino decida. Pasé por el Bingo + Embotellamiento + Picor en la mano derecha + Luces de colores = Entré al Bingo de Belgrano.

2 pesitos la entrada, con derecho al sorteo de un televisor 29″ el Domingo. Le entregué mi suerte a una señora, ese día cumple años mi madre y no creí llegar a tiempo para el sorteo.

Se abrieron las puertas y un mundo nuevo se desplegó a mi alrededor. Elegí la primer mesa. Prohibido fumar decía. Garantía de aire puro. Saludé a las señoras de la mesa: Ema, Consuelo, Alicia y Ana. Compré un cartón y me dediqué a esperar que la suerte me viera y viniera conmigo.

No quiero tener actitudes discriminatorias…pero no les parece que una chica koreana no era la indicada para cantar los números? El veinte se transforma en “vente” y así todo. Pero bueno, nada de eso importaba. El picor en la mano derecha continuaba=señal de dinero en puerta. Arrancó la partida.

Afortunadamente, Ana realizaba la traducción simulatanea de los números cantados. Salía el 15, ella decía “la niña bonita”. Aparecía el 52…”madre e hija”. El 47…”el muerto mudo”. 48…”el muerto que habla”. Entre números en castellano y en dialecto se terminó la partida. La suerte me fue esquiva…pero por poco. Sólo me faltaron 9 (nueve) números para completar el cartón.

Aparentemente me vieron cara de lenta. Cada una de las señoras revisaba sus cartones con cada número y tambien revisaban el mío. Cuando salía un número que estaba en mi cartón se escuchaba a coro “vos…”. Después de unos 15 minutos me empezó a doler la cabeza. Pudo ser el encierro, la mala onda o la bondiola de cerdo con papas fritas que comí al mediodía. Eso no hizo mella en mí. Decidí seguir hasta las últimas consecuencias. Era matar o morir.

Las partidas pasaban y nada. En eso Consuelo empezó a hacer chispas con el encendedor, Alicia esparció azúcar y Ema tiró un vaso con agua en el piso. Se me mojaron las botas, pero no me animé a decir nada. Miré por debajo de la mesa: todas estaba con las patitas levantadas y la correntina pisando de lleno el charco. No importa. Saqué otros $10. Todo esto, a Ana le abrió el apetito. Pidió un sandwich y un café con leche. Se lo trajeron al toque. Con una rara habilidad, comía el sandwich de pebete, bebía el café con leche, hacía la traducción simultánea a símbolo (cuando salía el 69 decía “los vicios…no entendí) anotaba los números y me indicaba si en mi cartón estaba el número cantado. De verdad es muy hábil, considerando que no tenía dientes: ni incisivos, ni caninos, ni pre-molares ni molares. No puedo garantizar la existancia de las muelas de juicio. El fiambre no me permitía ver la cavidad con claridad.

En eso termina una jugada y dicen “ella (lo decían por mi) tiene un gitano”. Miré para todos lados buscando a algún protagonista de la novela de las 22.00. Bueno, nada que ver con eso. Se llama así un cartón que tiene números en los 4 extremos. Todos los días se aprende algo nuevo. Terminó la partida. Ni cerca estuve. Se acerca Consuelo. Prende el encendedor y lo acerca a mi cartón. Obviamente lo solté de inmediato. Pensé que me quería prender fuego y empezó por el cartón. Error. Ese es el destino de los cartones gitanos. Un par de partidas más y Alicia se queda con un número. Otra vez fogata en mesa.

Siguiendo el humo llegó un caballero. Roberto. Eso ya parecía una reunión familiar. Todos se conocían. Le preguntaron por la esposa y las hijas. Les comentó que el Bingo de San Martín es mejor: más lento, cartones más baratos, porciones de comida más abundante y chicas más lindas.

Me di cuenta que no estoy usando la memoria como corresponde. Es necesario recordar los números que te faltaron en la partida anterior y cuando lo cantan en la presente decir “ahora me venís a salir!! En la otra, por tu culpa no me llevé el pozo acumulado”. Cambiaron de persona que cantaba los números. Apareció un chico…medio tarta para mi gusto…pero por lo menos no me hacía acordar a la “ponja” del super donde compra mi hermana.

Ema y Alicia se fueron. Sus lugares fueron reemplazados por una pareja de paraguayos. No alcancé a conocer sus nombres. Ana y Consuelo se iban a ir…querían ver la novela. Seguí a las chicas (la más joven tendría unos 70), jugué el último cartón y me fui.

La próxima vez que me agarre la depre juro que me rapo…por lo menos es más divertido. Y si me pica la mano…al dermatólogo por favor.
Igualmente, el saldo es más que positivo. Todos los días se aprende algo nuevo. Y en este caso aprendí mucho. Supongo que la próxima vez será más facil.
Me despido de ustedes con un afectuoso saludo, deseándoles la suerte que no tuve, no sin antes decirle que la primer persona que conteste este e-mail o me llame, se puede hacer acreedor de un bonito marcador negro, trazo grueso, con el logo de “Bingo Belgrano”, casi sin uso. Como premio consuelo: invitaciones al Bingo de San Martín.

Después de todo…con todo lo que la vida me da cada día…puedo pretender todavía un pozo extraordinario? Claramente me surgió la respuesta.

Seguimos en contacto

María, una 22 que le gusta el 32.

Anuncios